El cero

En esta vida, para todo hay un principio. Un cero a partir del cual construir, que será nuestro punto de referencia en la materia que nos ocupe. Y si hay algo claro, es que no se puede empezar una casa por el tejado: sencillamente se cae.

Así pues, todo el ajedrez que aparezca en mis líneas será partiendo de los siguientes axiomas.
1) Ante todo imaginación.
2) Todo lo que no esté recogido en el axioma primero, tampoco lo estará en el segundo.

Pues eso, ya tenemos un punto de referencia. Para seguir con esto adelante quizá sólo nos falta un poco de historia para basarnos en una experiencia ya ocurrida. Por tanto, dedicaré mi primer artículo a recoger situaciones que podrían sernos útiles en un futuro no muy lejano.

Cuál es “el cero” del ajedrez? Nos remontamos a la época de los árabes, de los indios, o adónde? Si hacemos un símil con el ser humano, siguiendo las teorías de Darwin deberíamos estudiar la evolución del ajedrez. Desde el “Australopithecus” que practicaban los indios, hasta “el homo sapiens al cubo” de hoy en día, pasando por “el Neanderthal” de los árabes. Pero esto es un poco absurdo.

Quizá deberíamos situar nuestro punto de partida en “el homo sapiens”. Y a partir de cuándo podemos considerar al homo sapiens? Yo creo que desde que aparecen los primeros símbolos escritos, lo que constituye la primera manifestación explícita de inteligencia.

Remontémonos pues a la época de Alfonso X el Sabio. Es una lástima que con el pasado tan español que ha tenido este juego, ahora esté tan desamparado en este país. Este buen hombre menciona al noble juego en alguna de sus obras, explicando sus normas. Un buen principio sin duda.

De ahí podríamos pasar al monje Ruy López, cuyo nombre ha sido acuñado para una de las aperturas más famosas de la actualidad: la Ruy López o española. Ahora damos un salto y encontramos los manuscritos del Greco, otro ilustre personaje que ya menciona la apertura Italiana. Pero todo esto queda muy atrás, necesitamos algo más actual.

Aterricemos en el romanticismo más antiguo. A lo mejor nos hemos pasado un poco y hemos obviado a Philidor, que también da nombre a una apertura, y a su famosa frase:”Los peones son el alma del ajedrez”. Después nos topamos con los primeros vestigios de la defensa Siciliana, en partidas del célebre Labourdonnais. Pero al igual que la ciencia, la historia del ajedrez se construye a base de casualidades; y una de las más famosas es ése “error” de Evans que le llevó a “dejarse” el peón de b4, y crear uno de los primeros gambitos.

En el romanticismo puro, llegó el gambito por antonomasia: el de rey. Y sus más valientes paladines, Anderssen ó Morphy, el rey del juego abierto.

A partir de aquí el rumbo del ajedrez se adentra en un mundo un poco más oscuro gracias a los principios posicionales de Steinitz, algo así como el doble pivote: no gusta pero es necesario. Y qué me decís de las precisas defensas de Lasker? Todo un Beckenbauer.

Menos mal que con la llegada de Capablanca, la prensa rosa dio un poco de color al ajedrez. Siguiendo con nuestras metáforas, Dinio comenzó a sentar las bases de la modernidad, cosa que concluiría su sucesor como máximo mandatario de este juego: Boris Yeltsin y su vodka.

Intercalado en el mandato del ruso, posteriormente francés, aparecería un doctor holandés que no jugó en el Barça, que empezó a metodificar el estudio del ajedrez. Hay que estarle agradecido, pero tanto dogma le convierte en un Van Gaal.

A partir de aquí: el infinito. Una sucesión de rusos interminable: Botvinnik, Tahl el ilusionista, un tal Smirnoff o Smigol o no sé cómo, el Tigre Petrosian (cuyas partidas tenían el mismo efecto que un debate en el Congreso o el programa de Sánchez Dragó), Spassky … y me he quedado sin infinito. Un agujero negro?

No. Un joven niño prodigio se encargó de que no. Y además se encargó de difundir de forma increíble la fama del ajedrez. Serían sus partidas, sus extravagancias, no sé. Sólo sé que se le echa de menos actualmente. Fisher Price jugaba con sus rivales. La imaginación fluía a borbotones, pero misteriosamente desapareció.

Llegó “el toli”. Todo volvió a cobrar un color grisáceo. Pero la ruptura de otro auténtico tirano en ciernes, lo puso todo más oscuro que el furgón del Dioni. Con “El ogro” la profesionalización del ajedrez alcanzó su punto álgido. Los ordenadores, analistas, el dinero… Tanta miseria está matando al ajedrez.

Y ahora hay uno al que llaman “KK”, tan bodrio como el Tigre y tan corrupto como su predecesor. Adónde vamos a llegar…

Menos mal que el ajedrez de club, a nivel de usuario, sigue estando ahí para darle vidilla. Los membrillos como el autor son los que le dan emoción a este juego. Esos errores estratégicos a partir de los cuales plasmar una auténtica obra de arte, son la salsa de este juego. La perfección es aburrida.

Por ello el ajedrez también muta. Los duplex serán el futuro del ajedrez. Siguiendo con las teorías darwinianas, se están adaptando al ambiente cada vez mejor, con lo que tienen más posibilidades de seguir en el flujo evolutivo, todo lo contrario que el ajedrez clásico. Aparecerá un nuevo doctor, niño prodigio o lo que sea que haga ver la luz? O por el contrario el alien engendrado en los más oscuros rincones del club Pueblo Nuevo pasará a ser la especie dominante?

Chessman